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martes, 14 de abril de 2009

Grandes finales


Antonio Chaves trabajaba como ujier en el Congreso de los Diputados el 23 de febrero de 1981. En un reportaje que publicó este domingo El País Semanal, Chaves cuenta cómo, en aquella noche tan larga en la que Tejero y los suyos tomaron el hemiciclo, le llevó un cigarrillo a Adolfo Suárez, entonces presidente casi saliente del Gobierno. "Años después" recuerda Antonio, "iba paseando por la plaza de Oriente y un coche oficial se detuvo junto a mí. Se bajó la ventanilla y era Suárez. ¿Sabes qué me dijo? Antonio, te debo tabaco".

Pues bien, para mí, éste es el tipo de final que cualquier escritor debería buscar para una historia.

miércoles, 18 de marzo de 2009

La Sud América

¿Alguien se acuerda del neón que adornaba, no hace tantos años, la azotea de uno de los edificios de la glorieta de Neptuno, en Madrid? Decía eso, "La Sud América", y a mí, más que a compañía de seguros, me sonaba a algo tan exótico y tan señorial que seguro que ya se había extinguido en el tiempo. La Sud América, sobre el cielo naranja y violeta de Madrid, hablaba de gabardinas que no se arrugan y del aroma intenso del café sin moler con la eficacia de una postal antigua; de minas relindas, de mucha plata, de ceviche, de coca, de mate, de colectivos y de subtes... Y hoy descubro que la Sud América puede dejar de ser una quimera, y que, si tiro los dados con un poco de puntería y la suerte no me falla, el año que viene podré mover ficha casi casi a la casilla que quiera de un continente con el que llevo soñando desde que Tintín encontró el fetiche de la oreja rota.


¿Dónde os iríais vosotros?

domingo, 28 de septiembre de 2008

El futuro


El futuro es imposible de sujetar, siempre se escapa; y hoy se me antoja como una de esas sábanas grandes tan difíciles de tender. Pesan demasiado, se vuelan rebeldes por alguna esquina, retuercen la cuerda, te tapan la visión hasta hacerte sentir dentro de una crisálida.

domingo, 17 de agosto de 2008

Boletín informativo

Y con veintidós años y dos días aprendí a recogerme el pelo con un lápiz.

La cosa progresa.

Estaría bien que alguien dejara un comentario preguntándose: "¿Por qué esa condena previa del pelo suelto? ¿POR QUÉ?"

lunes, 16 de junio de 2008

El color que quiero


Nos habían traído a un dibujante a clase. No sé si habría ilustrado muchos cuentos infantiles, pero se notaba a la legua que los niños no le caíamos nada bien. Debía de estar harto de preguntas que apestaban a lógica infantil, rezumantes de los patrones de Disney y el manga de la tele. Nos miraba con desconfianza:
- No toq... no os acerquéis tanto a la mesa, por favor
Se debatía entre la buena educación y el ataque a la defensiva gratuito. Sacó sus colores y se dispuso a dibujar. Nosotros, encogidos en nuestros babis, tragamos saliva como si hubiera desenfundado un arma. Al final, para estupefacción general y antes de que nadie hubiera hecho aún ninguna pregunta, nos espetó:
- Y para el que me pregunte que por qué estoy pintando el cielo de rosa, que sepa que lo hago así porque me da la gana, ¿vale? Como si lo quiero pintar marrón.

Vale, vale.

jueves, 20 de marzo de 2008

Diversion ends

Esto es lo que dan de sí cuatro días en Londres.

En otro orden de cosas, hoy decidí leer el consultorio sexual del suplemento EP3 de EL PAÍS para retomar el contacto con la realidad española de la forma más directa posible, y encontré esto tan genial:

"¿Puedo hacerme una felación yo mismo?"
CARLOS. MADRID.
Deberías llamar al Circo del Sol si lo consigues.

Ojalá todo el mundo llegue al final de la Semana Santa con todas las costillas. Felices vacaciones.

martes, 1 de enero de 2008

El mar



Como un verano sin mar
destrozaba el sol a golpes
el asfalto de una ciudad entera
Era yo, en el infierno de mi espera
disecando ramos de flores


Era yo, sola o acompañada
Y no me servía de nada
tener todo el tiempo de julio,
tener todo el julio del mundo

Era yo,
como la Luna sin mundo
Enfrascada en el estudio
del verano de mi amor


Yo lloraba en silencio
por tus amantes rechazadas
Así llora el mar de lejos,
por las calles rezagadas...


Donde se para la vida.


(Era yo, de noche o de día;
cerraba los ojos
y volaba sobre las vías)


Como un verano sin rumbo
saltaba mi amor los tendidos
Y yo me fumaba tu sombra
con el estómago vacío


Era yo
Lo pienso y cojo velocidad
Algunos de esos trenes ya no se pueden parar



(Que tengáis un felicísimo 2008. Y que sólo se cumplan vuestros deseos realmente deseados. Sé que es un pensamiento algo complicado, pero lo entenderéis cuando seáis mayores y os volváis locos.)

jueves, 13 de diciembre de 2007

Qué frío hace hoy

El misterio es a veces una promesa que termina por convertirse en vacío.

Otras, por fortuna, no sucede así.

lunes, 8 de octubre de 2007

War is over

Nos ocupamos de Madrid y tenemos dividida la tarea... Es cansado; por eso, al encontrar un banco, él descansa sus latidos en mi costado...

Llevo varios días sin palabras. Porque no me hacen falta.

No se necesitan razones para lo inexcusable, no hacen falta excusas para lo que no atiende a razones; nos hablaron de escondernos... si algún día él y yo decidimos escondernos, nadie nadie nadie nos encontrará.


Mis disculpas por no haber pasado demasiado por aquí, a todos en general y a eMe en particular. Pero es que Madrid estaba precioso y tenía que salir a verlo...

La guerra ha terminado. Porque queríamos.



miércoles, 12 de septiembre de 2007

Ida y vuelta


©2006-2007 ~ElectronCloud

Algún día será verano,
algún día hará veinte años
y aún quemaré tus rastrojos
Algún día saldré a buscarte
y me caerá, cano,
el pelo sobre los hombros

Me alistaré en la guerra,
en el bando de tus ojos
¿Crees que seré la primera?
Algún día saldré a buscarte
y la ciudad estará llena de escombros

Algún día saldré a esperarte
a la esquina de esta calle
y se cruzarán mis dos espectros:
el de la ida y el del regreso.
Pelo cano y pelo negro

Y me caerá, como un manto,
la ciudad sobre los hombros

jueves, 30 de agosto de 2007

En medio del camino (would you meet me in the middle?)


©2007 ~Allot

Si mis noches se pusieran de acuerdo
en buscar un sendero
serías tú

Si el amor se guardase una lanza en mi costado
aunque las zancadillas dejasen de dolerme
el as en su manga
serías tú

De todas las chinas en las que he tropezado
De las que más me han raspado
La que siempre se colase en mi zapato
serías tú

De todos los cordones desatados
entre todos los baches y los vados
La piedra angular de mi pavimentado
serías tú

Si el Sol me matase por clavarme un rayo
Si en ese desierto hubiese una sombra
serías tú

miércoles, 25 de julio de 2007

Emboscada

Al principio apenas nos saludamos:
dos besos en las mejillas,
dejo las maletas junto al tren
y noto sus ojos de soslayo,
resbalando por el andén.

La encontré aquella misma noche,
pensé que por casualidad,
descalza por la avenida
a la hora en que la ciudad
desinfecta sus heridas.

"¿Me has echado de menos?",
pregunta la brisa del puerto.
Se vuelve el aire azul y violento,
y entonces lo sé, estoy atrapada.
"No sabes cuánto", le digo.
Me ha tendido una emboscada:
ya huyen los gatos a su escondrijo.

Estoy temblando porque lo sé,
hoy no me salva ni la Luna.
Fue ella quien me echó de menos
y ha sembrado de veneno
todos los cubos de basura.

Intento negociar con ella,
pero ya es hora de pelear:
ha soltado su melena,
que ondea furiosa en la playa;
se recoge la falda, gitana,
quiere bañarse en el mar.

"Ven,
ven aquí y sabrás lo que es bueno"
...
Ya laten, blancas, mis banderas en los tendederos.

Una noche más, me duermo abrazada
a este pulmón de la ciudad.

Fotografía: Barcelona 1, Jameson

lunes, 9 de julio de 2007

Te estaré mirando desde fuera


Hoy he caminado por tu barrio
sin pisar las aceras,
por el centro de la calzada,
esperaba que me vieras;
línea recta hacia el tráfico,
melosa suicida
pintando las líneas de la carretera.

Te busqué en tu ventana,
ya me han dicho que no estás,
que ahora te diviertes con otros;
no sé si nuevos o mejores,
no sé si te quieren o no;
sólo sé que no son como yo.

Mentiría si dijera que no te echo de menos
Mentiría si no buscara tu espalda en mi espejo
Pero se me escapa la risa.
Es que eres gracioso:
las manos en los bolsillos,
los ojos en el vacío
"Psss,
yo a ésa ni la conozco"
Reconócelo,
es divertido

Unos se dan a la coca,
otros se dan a la tragedia;
a lo mejor tú te has dado al pesimismo,
pero yo sigo quemando la esperanza.
La mía, la tuya, la nuestra.

Y no barro las cenizas.

No lo olvides, seré siempre el bastón de tus recuerdos. Te estoy mirando desde fuera.

miércoles, 27 de junio de 2007

El equilibrio



El loco llegó a la parada de autobús y se puso a la cola, como uno más. La clásica uniformidad de las 9 de la mañana, que sólo fue capaz de mantener unos segundos. Enseguida empezó a resoplar, a subirse la camiseta y a enseñar su barriga peluda y caída a todos los integrantes de la fila. Las señoras que lo seguían en la cola se alejaron sin disimulo alguno y con cara de asco. El autobús apareció tarde, como siempre, y las hormiguitas se dispusieron en procesión tensa y ordenada mientras se acercaban a la puerta. Cuando ésta se abrió, el loco se llevó las manos a la cabeza en medio de un aspaviento muy brusco y gritó:
- ¡Ay, no, éste no me lleva!
Salió corriendo de la fila, empujando a varias de las señoras que antes se habían apartado de él.


El conductor, que escuchaba en la radio éxitos electrónicos y horteras a partes iguales, esperó a arrancar hasta la hora de salida del siguiente autobús, para redondear más aún el significado de la palabra tarde y, tras un par de miradas macarras al pasaje, cerró las puertas. Justo en el momento en el que el aire casi dejaba de circular entre ellas, el loco volvió a aparecer de la nada y se estampó contra el cristal. El conductor abrió la puerta con la boca torcida al herido, como una especie de indulto divino. El loco introdujo cuatro veces seguidas su billete en la expendedora con el mismo resultado: un pitido de desaprobación. El conductor le pidió examinarlo y lo observó con gesto de experto durante medio minuto para arrojar una conclusión casi científica:
- Esto está caducado.


Pese a todo, se sacó otro indulto de la manga y permitió que el loco se sentase en uno de los primeros asientos, mientras el autobús se dirigía hacia la carretera. El loco permaneció todo el viaje revolviéndose en su sitio, mordiéndose las uñas, metiéndose la mano por debajo de los pantalones sin ningún tipo de reparo y gimoteando con una voz muy grave, parecida a la de una vaca. A mitad de trayecto, una chica se sentó a su lado e intentó, a duras penas, mantener la atención en el libro que leía. Cuando el autobús hizo su primera parada en la urbanización, el loco pegó un grito -casi de dolor- al cerrarse las puertas:
- ¡Esta era la mía!
Se levantó como un huracán para dirigirse a la puerta de salida. Su compañera de asiento resistió el envite agarrándose al libro como a un salvavidas. En la siguiente parada el loco se bajó y echó a andar, moviendo los hombros como si los recorrieran escalofríos y haciendo pedorretas con la boca. El conductor detuvo el autobús unos instantes, mientras lo seguía con la mirada.
- Era un poco raro, ¿no?- le dijo a la chica del libro.
Ella se encogió de hombros.


Todos somos un equilibrio misterioso, normalmente aleatorio, de risa, sexo, llanto, placer, dolor, dulzura y maldad. Nadie sabe quién ha moldeado sus piezas del puzzle y simplemente confía en que encajen, pero a veces el cartón se hincha o se rompe, y la simetría desaparece. Lo que llamamos locura no es más que el equilibrio que los demás conservamos -puramente por azar- volcado y esparcido sobre un inmenso tablero de parchís. De niños jugamos al parchís y al puzzle en las tardes de los domingos lluviosos, y de adultos saltamos en ese tablero, pasando de puntillas junto a los charcos donde se derramó el equilibrio de los demás para no salpicarnos, porque el cartón de los puzzles se deforma con la humedad.
[Este texto pertenece a Manuela Astasio y, como tal, ha sido citado en su proyecto final de carrera, La Cura]

Fotografía: Bus, No lies

martes, 19 de junio de 2007

La periferia es otra ciudad





En los ojos,
mil historias encendidas de descampados de Madrid,
llenas de atardeceres en un coche,
de ver la ciudad desde fuera,
y volver a casa cuando ya se ha ido el Sol;
entrar deprisa en su cuarto,
guardar en el armario su olor
-el de él y el de ella-
su madre la saluda, pero ella ya ha cerrado la puerta.


Y volver mañana, y al día siguiente:
el Sol nunca se pone igual
sobre las antenas.
Aunque la magia se evapore con los días,
aún busca la niña que fue
entre las líneas de la carretera

Y la vida así es una continua periferia,
de trenes y autobuses que parten de las afueras,
que las bordean;
de nunca alcanzar el centro de la ciudad,
ni el centro mismo de las cosas;
sólo dar vueltas y vueltas
por mil descampados que atardecen al son de los años.
Vueltas y vueltas
por la periferia.

“Cuando ya está todo dicho,
¿dónde me llevo las maletas?”
Con la música a otra parte,
que si no, eres mujer muerta.
Las flores crecen solas y sordas
–ten cuidado, no las pises-
aquí, en los descampados de la periferia.




Fotografía: Today in Ankara City, Salihguler




miércoles, 13 de junio de 2007

Algunos "te quiero" son como un conjuro


La ciudad me atrapa hoy de nuevo en sus laberintos, como un amante que sólo sabe darse en la cama; y sé que -puede que cuando más la necesite- volverá a dejarme tirada, . Pero me basta con abrir la ventana en noches como ésta y sentir el aliento del verano que se acerca. Eso me basta para salir corriendo de la ducha, con el cigarro aún mojado entre los labios; y recorrer las calles sedienta, mientras alguien me roba la sombra y la esconde en una papelera.

Madrid, quedamos mañana donde siempre, en ese árbol de la plaza. Yo te miro y tú me enganchas…

martes, 5 de junio de 2007

Nudos


La vida dio mil vueltas hasta enredar los destinos de los dos idiotas
tan anudados ahora que se les han enganchado los dedos
"¿Dónde te volviste luz, en qué parte exacta del camino?"
le pregunta él casi enfadado a ella, que se mira incrédula en el espejo
Se gira
"Yo siempre quise subirme a un escenario
para cantar una canción contigo
¿En alguna parte del camino te diste cuenta?"

Se calza los zapatos, abre la puerta y se larga
y deja los piropos tirados por el suelo

Yo, desde mi ventana, los veo marchar a ambos
una en el ascensor, y el otro tirado en la cama
y me pregunto en voz alta
¿dónde aprendí a ver esto bello?
En el camino, pero, ¿en qué parte exacta?

Fotografía: Where I end and you, Complejo

domingo, 3 de junio de 2007

Al este de Erica, al oeste de Jan

Las piernas de Erica fueron uno de los símbolos de los setenta. Fue la chica que muchos querían meter dentro de su copa y beber de un solo trago, la que se codeaba con futbolistas y cantantes y exhibía su melena en todas las vallas de la ciudad. En medio de aquella década que la había convertido en musa de Martini, Erica se marchó en busca de una amiga al Líbano -entonces ya maltratado por la guerra- y acabó, sin saber muy bien cómo, atrapada por una mafia que la explotaba en un burdel. Un millonario del país la rescató y se casaron. Comenzó entonces la etapa más feliz de su vida.

Mientras, casi a un hemisferio de distancia, Jan era golpeado por un vagón de tren. Se recuperó en apariencia y volvió a su puesto en los ferrocarriles polacos, pero poco a poco perdió todas sus facultades, desde el habla hasta mantenerse despierto. Se sumió entonces en un letargo que lo mantendría 19 años en una habitación de hospital. Alrededor de la cama en la que Jan dormía inciertamente, sus hijos crecían, se casaban y tenían nietos; y abajo, más lejos de Siberia y más cerca del desierto, la guerra se volvía más virulenta y se llevaba al sultán de Erica, terminando de un golpe con sus mil y una noches. Ella volvió a Edimburgo y se arrastró por los ochenta y los noventa entre divorcios, desengaños e indigencia. Jan seguía durmiendo, pero ahora al este de Erica.

Esta semana Jan ha decidido demostrar que cualquier parecido con la ficción es pura realidad, y ha vivido su propio Good bye Lenin despertando del coma en el que cayó en 1988. Dejó cinco hijos en la Polonia comunista, y se ha encontrado ahora con once nietos y un país lleno de teléfonos móviles que camina hacia el capitalismo más conservador. Al oeste de Jan, poco después de decidirse a escribir su propia historia para demostrar que la realidad siempre supera a la ficción, Erica moría de un infarto. Su corazón se apagó en soledad para encender por última vez su recuerdo y colocarlo en la misma sección del periódico donde hoy aparece una foto de Jan, despierto y sonriente, y su esposa Gertruda. Mientras Erica vivía cada vez más intensamente y se quedaba cada vez más sola, Gertruda pasaba noche y día junto a la cama de su plácido marido, que en 19 años no mostró intención alguna de despertar en esta vida.


El aleteo de una mariposa en el Líbano puede desencadenar un terremoto al otro lado del muro de Berlín. Y viceversa

EL PAÍS - Gente, domingo 3 de junio: Despertar en el futuro
EL PAÍS - Gente, domingo 3 de junio: Muerte de una "chica Martini"

miércoles, 2 de mayo de 2007

Aquel camino

Eras capaz de encerrar en una sola frase, incluso en la más vacía y plana, todo el misterio del mundo. Caminabas entre la basura, con los ojos algo entornados, oteando un horizonte imaginario entre los sucios ladrillos. Yo los perseguía -perseguía a tus ojos- como si fuesen gorriones, hasta que los veía detenerse en la barandilla de algún balcón. "Mira, ahí vivía yo antes", decías señalando una casa que, con el simple impulso de tu dedo, se volvía encantada. Me quedaba atribulada, como si aquello fuera un potente enigma, como si en vez de palabras fueran pirámides egipcias. Y ya invertía el resto de la tarde en perderme por sus laberintos.



Créeme, hubo días en los que te habría seguido hasta el fin del mundo.