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viernes, 13 de febrero de 2009

Publicidad subliminal

A los que paséis por aquí os recomiendo encarecidamente que visitéis este blog: Diario de un parado de la cadena SER. Acaba de nacer, pero promete convertirse en algo aún más interesante de lo que ya es, sobre todo porque puede que sea una de las pocas maneras de enterarse de cómo tratan a sus empleados los mismos medios de comunicación que nos han metido la crisis y el mileurismo en la cabeza.


Lo que no me gustaría es que nadie lo interpretara como un simple despecho o una venganza personal o corporativista; merece mucho más respeto que eso, porque lo que ya se puede leer y se leerá en Diario de un parado de la cadena SER son los casi 30 años que alguien entregó a una empresa para que la semana pasada ésta se los devolviera en forma de carta de despido, improcedente, pero sobre todo inhumano.


Nada más, muchas gracias por vuestra atención, y que tengáis un viernes espléndido.

domingo, 13 de julio de 2008

Sensación de consumir

Mira esta imagen sin parpadear durante treinta segundos. Después, mira una pared blanca y verás en ella a Esperanza Aguirre en el próximo capítulo de Sensación de Vivir, haciendo de mala malísima mala. Gracias, ahora puedes seguir leyendo.

"Combatir la inflación es política social. Y profundizar en las medidas liberalizadoras que vayan a reducir la inflación es trabajar en política social. Y si además generamos empleo, que es la mayor política social, se puede concluir con que liberalizar es la mayor política social."

El que hablaba era el señor Antonio Beteta, portavoz del PP en la Asamblea de Madrid. Sí, lo habéis adivinado: siempre aprobaba la Lógica. Al escucharlo esta mañana no he podido evitar acordarme de Homer Simpson y sus increíbles partos filosóficos, y por supuesto de esa retahíla que casi todo el mundo se aprende cuando entra en la adolescencia:

A quien madruga Dios le ayuda.
Quien madruga duerme por la tarde.
Quien duerme por tarde no duerme por la noche.
Quien no duerme en la noche sale de juerga.
Conclusión: Dios ayuda a los que salen de juerga.

[Esta consumista compulsiva quiere dejar claro que boicoteará la liberalización de horarios comerciales de Esperanza Aguirre consumiendo compulsivamente sólo en horas decentes]

miércoles, 18 de julio de 2007

La tundra


Mi compañero de trabajo


Si la tundra tuviese moqueta y aire acondicionado, sería la oficina donde yo trabajo.

Puede que ayer fuese una de las mañanas más desesperantes de mi existencia. He pasado muchas mañanas sin hacer nada, pero sin aburrirme, porque ésa había sido mi elección. Ayer permanecí durante cuatro horas frente a un ordenador, intentando justificar la mierda de sueldo que me pagan, sin absolutamente nada que hacer, y atada de pies y manos porque esto es un hormiguero muy grande y yo soy la hormiga becaria, así que no me puedo poner a experimentar con la web de la empresa porque me aburra. Miento, no es que no hiciera nada; escribí aquí una entrada la mar de larga y la mar de absurda sobre el aburrimiento en las oficinas. Cuando llegué a casa me reí leyendo a la yo de hacía unas horas y la borré.

Quiero recuperar la idea de ayer porque me temo que la tundra enmoquetada me va a dar mucho de qué hablar este verano. Desde el 15 de julio, la oficina permanece casi vacía. Los teléfonos suenan y suenan sin que nadie los descuelgue. Eso es divertido y da que pensar: creo que si hubiese un herido grave en la mesa del compañero, nos negaríamos a auxiliarlo por no considerarlo nuestro trabajo. Pues bien, con los teléfonos pasa lo mismo: chillan y chillan y nadie los ayuda. Seguramente los que llaman son los jefes y compañeros que ya están de vacaciones, y ni siquiera pretenden que descolguemos el teléfono. Sólo quieren escuchar la languidez de los tonos, repitiéndose en una cadencia que es como una postal de esta tundra. Por un instante, en la playa, agobiados por el estrés de demasiado entretenimiento, se pegarán el móvil a la oreja como una caracola. Entonces cerrarán los ojos y nos verán a todos nosotros, los habitantes de la tundra enmoquetada, mirando al techo o buscando palabras inventadas en Google.

Aquí el tiempo se mide por las pausas del cigarro y las salidas al baño, y la única conexión con el espacio exterior es la bandeja de entrada de correo electrónico. Ni siquiera sé bien qué día hace fuera: las ventanas súperaislantes tienen los cristales tintados y da la sensación de que vivamos en una nubosidad permanente. Vigilo el correo electrónico como un animal hambriento, para abrir los mensajes antes que mi compañero y robarle las tareas. No me importa que sean mecánicas ni que estén poco o nada relacionadas con lo que estoy estudiando: invertiré gustosa 15 minutos en pasar datos de una tabla Excel a un documento Word. Serán 15 minutos menos en mi cuenta diaria de aburrimiento. Dios, soy una enferma mental.


Algún día, estos edificios acristalados de oficinas serán derrumbados y todos ejerceremos el teletrabajo desde nuestras casas. Los solares que dejen esos edificios estarán malditos, como los cementerios indios, y la gente que se mude a las casas que se construyan encima de ellos será muy muy aburrida. Bienvenidos a la tundra.