martes, 16 de octubre de 2007

20 minutos con Mario


Estoy cansada y esta mañana me he vuelto a dormir. He llegado media hora tarde y no me he atrevido a entrar en clase, así que he pedido en la cafetería el desayuno más agresivo para el estómago matutino que he encontrado y me he sentado junto al césped a devorarlo, entre las páginas de un libro. Quizás lo que haya aprendido en cuatro años de universidad sea a eliminar la culpa que antes me producía no asistir a clase, con la excusa de que "ya soy adulta".

He leído hasta que Avellaneda ha muerto. Me lo imaginaba, porque ya había echado un vistazo a la contraportada del libro, pero en cualquier caso ha supuesto un golpe muy duro. Un duro golpe al que ha de añadirse que el cansancio me produce tristeza por principio; pero no una tristeza metafísica, sino fisiológica, que es mucho peor porque se convierte casi en una forma de vida y puedes disimularla, como el que tiene tres pezones o un lunar peludo. Además, esta noche soñé que se moría una amiga y que yo no lo veía, me lo decían por teléfono, como al enamorado de Avellaneda. Curioso es el destino.

Por suerte, una chica que estaba sentada en una mesa repleta de retrasados (y no sólo por llegar tarde a clase) ha empezado a espetarle a un amigo en tono agresivo: "¿Tú has leído Cinco horas con Mario? Pues Cinco horas con Mario es un tostón, la tía se pasa toda la novela gritando que si quería a Mario, que si no quería a Mario, que si no sé qué..." Digo por suerte porque la rabia se me ha activado y ha conseguido alejarme de la taza con posos, y empujarme hacia clase no en plan metafísico, sino fisiológico, como si me picara mi tercer pezón o me doliera mi lunar peludo.

Me he sentido viva porque me ha enfadado que ella se atreviera a despreciar el tiempo pasado con Mario, porque para mí Mario siempre es Mario Benedetti, y el tiempo gastado con él siempre es tiempo invertido contigo.

5 comentarios:

La Serena dijo...

Me encantó ese libro!!!

Recuerdo que lo leí porque lo tenía en casa y me lo recomendó Raquel. Me lo leí en dos días o algo así, y me enamoró totalmente. Me encantaba Avellaneda...

Pero como todo lo verdaderamente bello de este mundo, tenía que ser una historia triste.

Campesino dijo...

¡Qué rico olor a campo!

La Serena dijo...

Los 20 minutos con Mario duran ya más de una semana... jooooo....

QUIÉRENOS!! Es una orden!

Indigesta dijo...

Desde luego...hay personas q saben echarnos a patadas de nuestros momentos de gloria como nadie.

Puta publicadiferenciaaaa!

Eva dijo...

Avellaneda hace que el tercer pezón sea una razón de vida, algo de lo que presumir entre los que sólo tienen dos, en vez de disimularlo.

Acabo de descubrirte y me he "enamorado", el último post que has escrito es genial.

Me "engancho" a tu blog, esperando tener más tiempo para leerlo todo y ponerme al día y encontrar un ratito a diario para disfrutarte.