miércoles, 19 de septiembre de 2007

Raquel está enfadada


©2006-2007 ~FoggyBlue


El autobús de las 14:15 viene lleno de niñatos de uniforme. La paz de julio y agosto se evaporó con la vuelta al cole. Todos acaban de salir de clase, y sus estómagos rugen de hambre. Los hay altísimos, los hay que aún no han dado el estirón, planas, pechugonas, coletas, trenzas, crestas; polo blanco y pantalón azul marino, ellas con falda y calcetines. Detrás de mí hay tres chavales de 13 ó 14 años que varían de la barba al tamaño llavero y se revuelven como macacos en el asiento cada vez que sube una chica guapa.
- ¡Bufff! - grita el más bajito
- Venga, que tampoco es para tanto - le apacigua el de la barba
- Me dirás que no...


Delante, sola y taciturna, viaja otra chica de uniforme. Quizás vaya a su mismo curso, quizás sea de su edad, pero parece más mayor que los macacos. Y no sólo porque va callada y tranquila: es algo que transpira a través de sus poros, una especie de conciencia trágica. Lleva el pelo corto y las piernas largas, de una medida inusual en su edad, y se recuesta sobre la ventana con el ceño fruncido y el puño bajo la barbilla. Da la impresión de estar a kilómetros de nosotros.
- ¡Raquel, Raquel! - grita uno de los macacos. Todos se revuelven nerviosos y rientes - ¡Raquel, que dice "éste" que te vengas a sentar con nosotros!
Raquel se gira y los mira sin decir nada, con ojos de oficinista. Los macacos se quedan helados. Tardan unos minutos en recuperar las risotadas.

Raquel está en esa edad en la que estás enfadada pero no eres capaz de identificar el motivo exacto: la lana del uniforme, los tirones en el pelo, el traqueteo del autobús, el final del verano... puede ser una mezcla de todo lo anterior o algo radicalmente distinto. Da igual; si le preguntan, responderá con un bufido. Su pie se balancea, indiferente, al ritmo de la carretera.


El autobús entra en otro barrio y se detiene junto a una boca de metro. Los tres macacos se despiden de Raquel antes de bajar, casi sin mirarla:
- Hasta luego...
- ¿Qué queríais antes? - pregunta ella
Ellos ya han salido y corren hacia su portal.
- ¡Eh, vosotros! ¡Que qué queríais! - insiste Raquel mientras se cierran las puertas


Cuando llegamos a la última parada, dejo pasar a Raquel para que salga la primera. Bastante enfadada está ya, no quiero hacerle esperar. Veo que tiene los gemelos anchos. Cruza en rojo, ignorando el bramido de los motores, y echa a correr hacia la estación de tren. Todavía le queda rato para llegar a casa.


Pasará tiempo hasta que algún chico invite a Raquel a salir. Da miedo, aún está demasiado enfadada: no quería crecer.

5 comentarios:

La Serena dijo...

Raquel está enfadada, como nuestra Raquel. No te ha recordado a ella? Yo me la imagino de adolescente, con esa cara de borde, mirando mal a la gente, y mirando siempre a miles de kilómetros...

Indigesta dijo...

mmmm...hacía que no entraba aquí como que mucho. Y resulta q ha sido entrar y encontrarme..

Indigesta dijo...

Joder, tiene razón la Serena, me siento identificada con esta niña de uniforme que no quería crecer...
Donde vive Raquel "m"?

M dijo...

Pues no se sabe. Cogió el Cercanías en Aluche, a toda prisa y con gesto de mucha impaciencia, así que igual vive lejos lejos...

En Tres Cantos, por ejemplo.

¿Los recuerdos viven con nosotros o pueden estar en otro barrio?

Indigesta dijo...

Yo creo q los recuerdos nunca paran quietos, por eso es tan fácil encontrártelos en cualquier parte, donde menos te lo esperes...